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«Hermes de Teba», la pieza del mes de julio del Museo Histórico Municipal de Teba

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«Hermes de Teba», la pieza del mes de julio del Museo Histórico Municipal de Teba

Esta magnífica pieza fue localizada tras unas fuertes lluvias

Se trata de un trabajo depurado, fruto de un tallista de cierta calidad

  • Nombre: Hermes de Teba
  • Cultura: Romana
  • Materia: Caliza roja
  • Procedencia: Cortijo del Tajo
  • Dimensiones: 216 mm de longitud, 124 mm de anchura y espesor máximo de 83 mm

CONTEXTO ARQUEOLÓGICO

La pieza que aquí vamos a describir fue encontrada en el yacimiento arqueológico del Cortijo del Tajo. Este yacimiento se encuentra en unas tierras de cultivo, dedicadas a la siembra de cereal de secano, pero la mayor parte del yacimiento se encuentra en una tierra de barbecho, que dejó de cultivarse a raíz de que se le concediese al yacimiento la categoría de BIC. Esta zona se sitúa en la falda este de la Sierra de La Lentejuela a unos 2 km. de Teba, dentro de la cuenca del río de La Venta. El enclave presenta una altitud media de unos 500 m.s.n.m, con una suave pendiente, encontrándonos aquí con unas condiciones muy óptimas para su habitabilidad.

Ya en el siglo XVII, el humanista sevillano Rodrigo Caro es el primero en señalar la existencia de «una grande y antigua población» en las proximidades de la población, recogiendo dos inscripciones latinas en Teba (CIL II, 1425 y 1426). Ceán Bermúdez (1832: 377), los hermanos Oliver y Hurtado (1866: 67) y Amador de los Ríos (1908: 441) también dan noticias de los restos.
Emil Hübner recogió las inscripciones de Teba en el volumen II del CIL, aunque lo hizo agrupándolas junto con las de Sabora, ya que interpretó que procederían del mismo lugar (García et al, 1995: 159).

El yacimiento se da a conocer en el año 1980, a raíz de los trabajos realizados en la tierra después de unas lluvias torrenciales, apareciendo dos pedestales, uno de ellos decorado con erotes (Rodríguez Oliva, 1984: 454). En 1984 aparece el retrato marmóreo de Tiberio joven, siendo la pieza más excepcional que se conserva del yacimiento. Su estudio por parte de los Dres. Atencia Páez y Rodríguez Oliva (1986 a; 1986 b) trajo consigo la inclusión del Cortijo del Tajo en el listado de ciudades romanas, siendo este un oppidum ignotum, realizando también un magnífico trabajo de reinterpretación arqueológica, epigráfica y textual.

Son numerosos los restos arqueológicos que podemos ver hoy en día en el lugar. En lo que respecta a los restos de estructuras, lo que más destaca es una monumental estructura de opus caementicium que se erige en el centro de la zona arqueológica, con unas dimensiones de unos 4 m. de largo, 3 m. de ancho y unos 2 m. de alto. A raíz de unas lluvias intensas acaecidas en el invierno de 2008 que surcaron varios arroyaderos, salieron a la luz numerosos restos de estructuras de muros de piedras, suelos de opus caementicium, además de tres estructuras megalíticas, que parecen estar en niveles inferiores al de la ciudad. Relacionado con el yacimiento, entre éste y el Cortijo del Tajo, que se sitúa a 300 en dirección sur, aún se conserva un tramo de calzada romana, conservándose al menos uno de sus laterales intactos.

En superficie se documenta una significativa cantidad de cerámica y elementos constructivos. En cuanto a la cerámica, cabe destacar la abundancia de T.S.G. y T.S.H. que contrasta con la ausencia de la cerámica campaniense, prueba de que el yacimiento debió comenzar a ser ocupado en época altoimperial. Por otra parte, no tenemos documentación sobre el momento del abandono de este lugar, pero sí que continuó ocupado en época musulmana a tenor de la cerámica documentada en la zona superior.

El espacio donde se encuentra este yacimiento es un lugar privilegiado para el hábitat del ser humano. Por una parte cuenta con abundante agua proveniente de las fuentes de alrededor -El Pilarejo y El Álamo-, además del caudal constate del río de la Venta, que baña las fértiles tierras que rodean al yacimiento en cotas más bajas (Rodríguez, Atencia, 1986 a: 227). Por otra parte se encuentra en una encrucijada de la ruta natural que se dirige desde el valle del Guadalteba hacia el Guadalquivir por el río Corbones, así como la que toma dirección hacia la depresión de Ronda, por el propio río Guadalteba.

Apartado muy importante en yacimientos de este tipo es su cuenca visual, es decir, el territorio dominado visualmente desde el yacimiento. Y en este aspecto, debemos destacar que es el único punto de la cuenca del río de la Venta desde donde se puede dominar visualmente tanto los valles del Guadalteba como el de la Venta. Este hecho hace que el lugar donde se encuentra este yacimiento, a pesar de tratarse de la zona baja de la ladera de la Sierra de la Lentejuela, sea un punto estratégico visualmente para  esta zona.

HERMES DE TEBA

Esta magnífica pieza, la «herma de Teba» (Recio Ruiz, 1988), fue localizada tras unas fuertes lluvias por José Camarena Florido, en octubre de 1987, quien la donó al Museo Histórico Municipal de Teba.

Esta pieza es una cabeza masculina de pequeño tamaño, con unas dimensiones de 216 mm de alto, 124 mm de ancho y 83 mm de grosor. La pieza presenta varios desperfectos, afectando a la cabellera, frente, cejas y parte de la nariz, además de pequeños golpes en barba y cuello. El material es piedra caliza rosácea, similar a la que se encuentra en los alrededores de Teba.

Los rasgos que se aprecian dejan ver una expresión amable: rostro barbado, facciones muy marcadas e individualizadas, ojos almendrados, nariz ancha, pómulos salientes y boca entreabierta. Lo que más destaca de su rostro es la poblada barba y el espeso bigote en forma de «U» invertida y muy abierta. La barba está trabajada en bucles espirales, labrados a trépano, que configuran dos niveles dispuestos en un par de semicírculos concéntricos. El tamaño de los bucles disminuye hacia arriba, hasta unirse a la cabellera, casi perdida, que según lo conservado debió ser espesa. A ambos lados de la frente, en la zona del cuero cabelludo, presenta dos protuberancias salientes casi desaparecidas, de difícil interpretación, que pudieran ser núcleos de guedejas o racimos de uvas, al modo dionisíaco, o bien fauces de felinos, al estilo de Hércules (García et al, 1995: 175).

Se trata de un trabajo depurado, fruto de un tallista de cierta calidad. Según A. Recio (1988: 123-124) se trataría de un origen foráneo, seguramente de algún taller de las ciudades cercanas de la Baetica, aunque sin descartar por completo de que se tratase de un taller local, debido a abundancia del material en que está construido en la zona de Teba. Por otra parte E. García (1995: 175) no descarta el origen foráneo, pero apuesta más por la idea de que en el oppidum ignotum del Cortijo del Tajo tuviese su propia officina lapidaria y escultórica, a tenor de la cantidad de obras escultóricas aparecidas en este yacimiento.

Esta pieza debió estar adosada a otro soporte, ya que la parte posterior se encuentra totalmente lisa. Además, la zona inferior del cuello parece insinuar una base elipsodial. Estos elementos y los propios rasgos del personaje pueden indicar su finalidad como parte de una pilastra hermaica, que estaría colocada en el peristilo o jardín de alguna domus de la ciudad del Cortijo del Tajo. Eran elementos muy característicos de las residencias señoriales romanas, tanto como objeto de adorno como para alejar el mal de ojo (Rodríguez Oliva, 1988: 223).

En cuanto a la identificación del personaje que se representa en esta pieza, según García Alfonso (1995: 176) se pueden barajar dos posibilidades: una representación de carácter báquico o bien de Heraklés/Hercules. El hecho de barajar la posibilidad de una representación báquica viene por el hecho de que en las tierras meridionales de Hispania una de las representaciones más abundantes sobre pilastras hermaicas son las de tema dionisíaco. Aunque como objeción a esta propuesta podríamos alegar que la expresión del «Hermes de Teba» no es grotesca, actitud que suelen exhibir estos personajes.

Según los autores García Alfonso (1995: 176) y Recio Ruiz (1988: 124) más acertada es la identificación con Heraklés/Hercules. La expresión serena del rostro, las facciones abultadas y la barba a base de mechones ensortijados encuentran diferentes paralelos, como la pilastra hermaica aparecida en el yacimiento murcianos de Los Torrejones (Yecla) (Balil, 1959: 164; 1979, nº 32).

Tema también importante es la datación de este herma, habiendo varios detalles que nos hacen situarla en época antoniniana. La principal característica sería el barroquismo, claramente representado en el claroscuro de la barba, debido al uso del trépano. Además, los planos del rostro se logran mediante un extraordinario pulimento. Según Balil (1979: 18), estos son elementos indicativos de originales de tradición lisipea, muy copiados en el siglo II d.C.

BIBLIOGRAFÍA

  • Amador de los Ríos, R. (1908), Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Málaga, ed. Mecanografiada Excma. Diputación Provincial de Málaga.
  • Balil Illana, A. (1959), Un Hércules viandante del Museo Arqueológico Privincial de Murcia, A.E.A., XXXII, p. 164.
    -- (1979), Esculturas romanas de la Península Ibérica, II, S.A., 54.
  • Ceán Bermúdez, J.A. (1832), Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, Madrid.
  • García Alfonso, E.; Martínez Enamorado, V.; Morgado Rodríguez, A. (1995), El Bajo Guadalteba (Málaga): Espacio y poblamiento. Una aproximación arqueológica a Teba y su entorno, Excmo. Ayuntamiento de Teba, Diputación Provincial de Málaga, Málaga.
  • Oliver Hurtado, J. (1866), Viaje arqueológico, Madrid.
  • Recio Ruiz, A. (1988), El Hermes de Teba, Mainake, X, pp. 119-124.
  • Rodríguez Oliva, P. (1984), La Antigüedad, Málaga, vol. II: Historia, Granada, pp. 419-466.
    -- Una herma decorativa del Museo Municipal de San Roque (Cádiz) y algunas consideraciones sobre este tipo de esculturillas romanas, Baetica, 11, pp. 215-229.
  • Rodríguez Oliva, P. y Atencia Páez, R. (1986 a), El retrato de Tiberio del Cortijo del Tajo (Teba, Málaga), Baetica, 9, pp.227-245.
    -- (1986 b), Retrato marmóreo de Teba (Teba, Málaga), Dos nuevos testimonios béticos sobre Tiberius Caesar, Málaga, pp. 7-25.