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El Carnero Ibérico, el símbolo más emblemático del Museo es la pieza del mes de junio

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El Carnero Ibérico, el símbolo más emblemático del Museo es la pieza del mes de junio

CONTEXTO ARQUEOLÓGICO

El yacimiento de Los Castillejos se ubica en el cerro del que toma su nombre, un aguzado espolón rocoso, que se orienta en sentido este-oeste, dominando el valle medio del río Guadalteba. El cerro cuenta con unas fuertes pendientes en sus caras norte y sur, con una topografía que se configura en tres terrazas que van descendiendo desde una cota de 609 m. hasta unos 500 m.

Son muy numerosos los restos arqueológicos que podemos encontrar en este lugar. Respecto a las estructuras, lo que más destaca es el lienzo de muralla que se conserva que corona las dos terrazas superiores del cerro.

La única intervención arqueológica realizada hasta hace poco fue realizada en 1993, con carácter de urgencia, siendo dirigida por Eduardo García Alfonso, motivada por unos trabajos de canterías realizados en el yacimiento. A pesar de que solo se realizaron dos pequeñas catas en la terraza más oriental del yacimiento, los hallazgos arrojaron una información valiosa para el conocimiento de este yacimiento.
Los niveles arqueológicos documentados nos llevan a un arco cronológico que comprende entre los siglos VIII-V a.C. Ahora bien, la cronología de este yacimiento puede ser anterior al siglo VIII, ya que el objetivo de la excavación fue llegar a niveles donde solo se documentase cerámica a mano. Si queda bien claro que en esta terraza más baja se produce un abandono en un momento indeterminado del siglo V a.C. (García, 1993-1994, 68).

La reciente intervención arqueológica llevada a cabo en la terraza intermedia del cerro por la Asoc. Hisn Atiba, subvencionada por el Ayuntamiento de Teba y nuevamente dirigida por Eduardo García Alfonso, junto con Francisco Melero, arrojará una valiosa información sobre la fase desconocida del cerro que abarca desde el s. V a.C. y su abandono en época Alto imperial.

La situación del cerro se podría catalogar de estratégica, ya que el cercano río del Guadalteba lo aprovisiona de agua a lo largo de todo el año. Además, desde el cerro se tiene un control absoluto de todas las tierras que lo rodean, destacando la vía de comunicación natural que supone el propio río Guadalteba.
Teniendo en cuenta la entidad del yacimiento, además de su situación estratégica, indudablemente se trata de uno de los principales enclaves ibéricos conocidos hasta nuestros días en la geografía malagueña (García et al, 1995: 124).

EL CARENO IBÉRICO​

Esta pieza está realizada en un bloque de arenisca de tono claro, abundante en los alrededores del yacimiento.
El estado de conservación es bueno, pudiéndose apreciar perfectamente la figura del animal que representa, aunque ha perdido el cuerno derecho y presenta señales producidas por herramientas destinadas al laboreo de la tierra. Por otra parte, el tiempo ha desdibujado algunos rasgos como los surcos del cuello que parecen insinuarse débilmente.

Sus medidas son: 41’5 cm. de largo, 23 cm. de alto y 19 cm. de ancho.
Se presenta en una posición en la que aparece echado sobre sus cuatro patas que se flexionan bajo el vientre. Terminan sus miembros en desdibujadas pezuñas que se perciben más claramente en las patas delanteras mediante unos leves ensanchamientos. Los cuartos traseros carecen de este detalle y no es apreciable diferencia alguna entre la pata y la pezuña. La cabeza solo conserva un cuerno, el izquierdo, que describe una curva espiral, de un diámetro máximo de unos 8’5 cm., que partiendo desde la frente, termina a la altura del arranque de la oreja y entre esta y el ojo. La oreja, toscamente trabajada, ocupa el centro de la espiral y en forma seguramente lanceolada se superponía parcialmente al cuerno. Los ojos, casi frontales y ligeramente oblicuos, tienen forma almendrada y están realizados mediante incisiones que lo dibujan de forma muy simple (Fernández Ruiz, 1978, 171-180). De la misma forma están trabajados los orificios de la nariz, en el extremo del hocico, y la boca.

La parte posterior del carnero presenta un rabo, de 3 cm. de anchura media, que se estrecha ligeramente hacia su extremo y se inclina a la izquierda dejando visibles y desplazados de forma exagerada a la derecha, para hacerlos más ostensibles, los testículos, separados por una recta y profunda incisión.

La factura de este carnero es muy burda, dando la sensación que se trata de un artesano local, alejado de las corrientes cosmopolitas que revelan las obras capitales de la escultura ibérica. Es un tallista de escasa habilidad técnica, como demuestra el tratamiento sumario, el recurso a la incisión para representar detalles y el uso de planos a diferente nivel para individualizar las diferentes zonas anatómicas del animal, toscamente separadas. Igualmente, el acabado final de la pieza es poco cuidado (García Alfonso et al, 1995, 130).

El tema del carnero aislado no es muy habitual en la escultura ibérica, siendo las pocas aparecidas interpretadas como elementos constitutivos de monumentos funerarios.
Cronológicamente, estas obras se vienen datando a partir del siglo III a.C., llegando hasta época augustea. No quiere decir que los carneros no fueran representados en el arte ibérico meridional con anterioridad, como atestiguan los aparecidos en el conjunto escultórico de Porcuna, fechado en la primera mitad del siglo V (Negueruela Martínez, 1990, 242-244). Parece que la presencia de este tipo de representaciones se intensifica con la llegada de los romanos, en las interacciones de los ritos funerarios entre indígenas y los nuevos dominadores (Chapa Brunet, 1985, 194).

BIBLIOGRAFÍA

  • Casal, L. y Bendala Galán, M. (1989), El arte ibérico, Historia del Arte, 10 (Historia 16), Madrid.
  • Chapa Brunet, T. (1985), La escultura ibérica zoomorfa, Madrid.
  • ​Fernández Ruíz, J. (1978), Una escultura zoomórfica ibérica en Teba (Málaga), Baetica, 1, pp. 171-180.
  • ​García Alfonso, E. (1993), Los Castillejos de Teba (Málaga). Campaña de 1993. Estratigrafía de los siglos VIII-VI a.C., Mainake.
  • ​García Alfonso, E., Martínez Enamorado, V., Morgado Rodríguez, A. (1995), El Bajo Guadalteba (Málaga): Espacio y Poblamiento. Una aproximación arqueológica a Teba y su entorno, Málaga.
  • ​Negueruela Martínez, I. (1990), Los monumentos escultóricos ibéricos del Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén). Estudio sobre su estructura interna, agrupamientos e interpretación, Madrid.

Mira el vídeo de Miguel Ángel Troyano e Inmaculada Sánchez, alumnos del IES Itaba, en el que presentan la pieza del mes en YouTube: «El Carnero Ibérico».

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